"Lo
sé, mierda!"
Inútil
insistir, sé que debo estar en tu puta inauguración y
no me
puede importar menos.
No hay más que
hacer por la noche!
Ok, no
insisto, estaré allí.
Un
aperitivo, un poco de show y luego me voy, no me preguntes otra vez.
Hora
18:00. Corro a casa, ducha, me cambio de ropa y voy.
El rugido
del "hierro" anuncia. Caballete frente al local con el hombre de la
Seguridad que me mira mal.
Me saco
el casco y fijo una mirada dura en él.
Veo que
respira fuerte, se está haciendo la película de cómo me achicará ante la
pequeña
muchedumbre que presiona para entrar.
Voy
acercándome decidido a entrar y con una expresión de satisfecho se abre paso.
Me pone
una mano en el pecho, que observo, antes de alzar la mirada hacia sus grandes
ojos azules.
"a dónde
vas?"
"para
quien trabajos? Marion?"
Me
encanta responder a una pregunta con otra pregunta. "Se"
"bien,
entonces soy yo que te pago esta noche,
por lo
tanto quita la manito,
estás
haciendo bien tu trabajo.
Pero no
conmigo!"
Espero
que baje la mano y retire sus casi
dos
metros de la puerta.
Justo en
el momento en que aparece Marion.
"Tokio!
Bienvenido, bebemos juntos?"
segundo
golpe al ego de la bestia,
el dueño
del circo, realmente soy yo.
"Marion,
pero el chico aquí, es un nueva compra?"
Entro, no
quiero ser más cruel,
no
obstante está haciendo un buen trabajo.
Dejo a
Marion y doy una vuelta por el local,
realmente
bien hecho,
muebles
de diseño,
una
iluminación cuidada,
reconozco
la mano de la “nena” del arquitecto.
La vuelta
dura más de una hora, cada 3 pasos me detengo,
saludos,
besos, apretujes,
propuestas de trabajo,
saludos,
besos, apretujes,
propuestas de trabajo,
no puedo
fijar la mirada por las figuran que se entre ponen
y ahora
puedo ver a su alrededor. Las caras habituales, algunos desconocidos.
En la
marea de gente hay alguien distinto,
pero no
la focalizo.
Repaso el
volumen de periscopio para entender y
al fin la
veo.
En la
ondulante ola de gente,
una
delgada figura femenina inmóvil.
Está mirando un
abstracto en una pared. La espalda cubierta sólo por los delgados breteles del
mini vestido azul cobalto. Un talle 42, diría, mi favorito.
El cuello
desnudo gracias a un corte corto esculpido.
Un
símbolo japonés sobre su nuca, objeción!!!
Entonces
el destino trabaja aún para mí!!!
Voy
acercándome, por detrás de su espalda,
observo
junto a ella la pared.
Respiro
un buen perfume de hembra,
deduzco que
su piel tiene buen sabor.
Se
endurece ligeramente, ha notado mi presencia.
Antes de
que pueda darse la vuelta, le susurro
"Pis
en la boca, Alighiero Boetti, lo conoces?"
Sin darse
la vuelta, toma de su trago
y luego
sacude la cabeza negativamente.
"Es un
homenaje del arquitecto al propietario"
Ahora
está más atenta a la interpretación de la ópera,
investiga
el orden correcto de la letra.
"Podría reescribirla sobre tu piel".
Su cuello
se estira,
se erige,
alarga,
su cabeza
comienza a girar para verme.
Ahora se
interesa en mí,
no soy el
"pescador" de siempre.
Su rostro
es maravilloso.
Dulce
como una niña.
Pero con
la mirada de una gata que conoce la altura.
Un reto
que no puedo rechazar.
Gira,
gracias a la multitud, se acerca a mí.
"Porque
quieres escribir sobre mi piel?"
“Es un
juego intrigante, malicioso, sensual...
Exactamente
como tú".
Sonríe
bajando los ojos.
Los
levanto, con dos dedos en su mentón.
Ojos
grandes y límpidos.
De
perderse.
"Estas
aquí sola?"
"No,
con un par de amigas".
"Mejor,
así nadie permanecerá sólo si te llevo conmigo".
"Qué
te hace pensar que lo harás?"
Su tono
es desafiante, también bastante convencido.
"Lo has dicho, creo, y sobre todo
observo,
tienes
una pierna entre las de un desconocido,
y
evidentemente la dejé disfrutar el contacto."
No se
desplaza un centímetro, vuelve a sonreír,
prometiendo
el sí que pretendo.
Tomo el
vaso de sus manos y lo pongo sobre una bandeja cerca.
La tomo
de la mano y me muevo.
Logramos
salir con dificultad.
Y cuando
ya pienso haber logrado evadir
otros
posibles saludos, besos, abrazos
siento
que me toman de un brazo.
Mierda,
es el dueño.
"Pero
¿cómo? Acabas de llegar y te vas?"
"Si,
como ves tengo otros compromisos".
El tono
es de los que no admiten réplicas.
Estamos
afuera.
Saltamos
a la moto y nos vamos
Con sus
brazos aferrándose
a mí.
Sus
suaves pechos se dejan acariciar en mis omóplatos.
En el
tercer semáforo,
"donde
me estás llevando?"
"a
mi casa".
Se
aprieta aún más a mí.
Verde.
Arrebato brusco, dirección: mi habitación.
.

